domingo, 29 de enero de 2012

Paradoja

No hay nada como esa cara de estúpido, esa mirada perdida y esos pensamientos difusos, que sin embargo siempre van dirigidos a alguien. Ese sentimiento de bienestar, de completitud, de calidez, de seguridad. El saberse omnisciente, omniabarcador, omnipresente, saberse dios y demonio, un ser sobrenatural, estar por encima de este mundo. Todo esto lo provoca eso tan fugaz y efímero que lleva por nombre amor. Ese instante que reclama eternidad, como diría Nietzsche. Eso que en su momentáneidad nos hace creernos eternos, perenes, inamovibles, inmutables. Apoteóticos, titánicos, soberbios. Pináculo de la creación, receptores de la divinidad. Somos uno con el Universo y el Universo es uno con nosotros. No hay nada que nos turbe, no habrá nunca nada jamás que nos destruya. Eso pasajero, eso instantáneo nos hace poseedores de las más grandes venturas. Paradoja, dicotomía, contradicción, eso encierra el amor. Creador y destructor, benefactor y tirano. Perpetuador de la especie como quería Shopenhauer, o el soplo divino que quería Fromm.

Pero en el momento en que termina su vida provisional es cuando cae la amargura, la incompletitud, la debilidad. El sentimiento de vulnerabilidad, de peligro, de acecho, de soledad que devasta. Inútil y absurdo, inverosímil en un mundo irreal, banal y fútil, es lo único que atraviesa al alma y que habita en la mente. Todo termina, el ciclo se cierra. La intencionalidad cambia, la percpeción se transfigura, el mundo es otro, el otro es completamente Otro. La alteridad sinuosa. El otro al que se solía amar se vuelve extranjero, extraño y hasta amenazador. Animal predador agazapado, esperando dar el zarpazo mortal. Así entonces, los ojos, que antes me parecían luminosos, deslumbrantes, reveladores, que desnudaban todo a su paso para llegar hasta la raíz misma de las cosas, a su esencia, que penetraban en todo y descubrían la verdad última, ahora no son más que un par de glóbulos oculares, referencias anatómicas, mera funcionalidad. Mi voz, que otrora te parecía la llave para todos los secretos del cosmos, el sonido revelador del Ser, la cosecha indescifrable de millones de años, ahora te parece chillona, monótona, aburrida, molesta. Tu sonrisa, que fuera lo indecible, lo inefable, un gesto que revelaba la enormidad y bastedad del universo entero ahora es metáfora gastada, lugar común, sosa, ridícula.

El amor nace y muere, como la real y necesaria insignificante vida de una mosca; como la ficticia e innecesaria existencia de un dragón milenario. El amor tiene el carácter cierto de una limitación temporal, como todo en este mundo. Como toda y cualquier existencia que transcurre en el espacio-tiempo. El amor en el tiempo nace, se desarrolla y muere, como el ciclo biológico vital de cuanto existe. El tiempo lo crea y lo destruye, lo protege y lo destroza, el tiempo que hace a la memoria y al olvido. En el tiempo se pierde el amor, muere. En el tiempo desaparece, en el tiempo deviene el no-ser.

También es en el tiempo que nace el amor de nuevo, como el círculo místico de la serpiente que devora su cola. Muere el amor pero también brota de nuevo en un botón de flor frágil y primaveral. El amor es cambiante y perecedero, como somos los humanos, sus creadores. Nace para volver a morir, es el ciclo incansable, siempre una repetición impuesta por la inteligencia suprema.

Más no le digas jamás esto a tu nueva conquista, a tu nuevo amor, a tu nuevo ídolo. Si lo haces matas sus ilusiones, sus esperanzas y sus alegrías incluso antes de que hubieran emergido; y las tuyas desaparecen en concomitancia. Enamorarse de nuevo es lo único que asegurará la continua existencia del género humano. El acto de reproducción no puede eliminarse, ni tampoco suprimir lo anímico, lo metafísico del encuentro carnal, amoroso, sin igual. No tengas presente lo efímero del encuentro, vive en esa inmensidad del instante que te sobrepasa. Finalmente tu vida es aún más corta que la del amor mismo, finalmente el amor es inabarcable, inmenso, absurdo y sin sentido. No trates de comparar tu presencia con la de él, puesto que te destruiría sin dejar si quiera que lo pruebes. No tengas nunca en cuenta su caducidad, nunca pienses en el porvenir incierto que te procura. Y trata de olvidar los amores pasados, aunque nunca lo logres realmente. Porque por eso mismo, el tiempo crea la memoria y el olvido.

martes, 1 de noviembre de 2011

Contemplación...extrañando.

Había una vez un hombre solo, completamente solo. La soledad lo cubría, era su manto, su piel, su mismo cuerpo. La única presencia que conocía este hombre era la infinita soledad. Era la analogía de la luz en el Génesis, lo primigenio, el origen, lo que nunca tuvo contacto con lo que le procedió. Este hombre tenía conciencia de la existencia de lo otro, de la alteridad, sin embargo nunca quiso penetrar en ella, nunca quiso dejar su halo divino de profunda retracción y exilio, nunca quiso abandonar su marginación auto impuesta. Era como el Espíritu Absoluto que se contempla a sí mismo sin ninguna introspección de por medio, por paradójico que esto sea.

Un día se preguntó cómo sería la vida de la gente que vivía acompañada, que existía además de él, fuera de él, y su curiosidad fue tal que decidió investigar y aventurarse en el mundo de la gente que vive en sociedad. Ahí entró pues, como un observador que permanece ajeno a las situaciones que investiga y pudo percatarse de cómo la gente se hurtaba, estafaba, mentía y utilizaba la una a la otra para beneficiarse en su particularidad. También vio como cierta gente trataba de ayudar, aconsejar, acompañar y querer al otro; más todo esto para tratar de olvidar las mentiras, hurtos y chantajes que los demás proferían sobre los demás y así estar bien con ellos mismos y su conciencia. Eran acciones con las que pretendían sentirse superiores a los demás, sentirse bondadosos y pródigos, no miserables, como realmente se sentían.

El hombre solitario y marginado, al ver tal situación de codicia, maldad y beneficio propio en que vivían los hombres civilizados no pudo más que impactarse y vio como su vida en solitario era completamente antagónica a la de las personas que vivían juntas. Y hasta se preguntó porqué cada una de estos individuos no reclamaban exactamente eso, su individualidad y se retraían y vivían en soledad, alejados de todo y todos, como eremitas o anacoretas, sin preocuparse por nada ni nadie, en su plenitud y completa serenidad.

El hombre regresó entonces a su quietud eterna, a su contemplación abstracta y solitaria. De pronto algo en su mente comenzó a invadirlo hasta cubrir toda la soledad que era su cuerpo, era un sentimiento de extrañeza, o más bien dicho de extrañamiento. Empezó a extrañar a los hombres que vivían juntos. Todas las manifestaciones que nacían de la vida en comunidad inherentes al ser humano, como el odio, el amor, la malicia, la bondad, la venganza y la compasión, todo eso que los hacía bipolares; una bipolaridad tal que se confundía o más bien fundía con un solo lado, la confusión y el desorden, la bipolaridad se deshacía en un solo polo que se conformaba por miles de campos magnéticos todos diferentes entre sí. El hombre tiene múltiples matices, es una gama cromática casi infinita, que va desde mil tonos de blanco hasta los mil tonos de negro, con una inconmensurable cantidad de grises. Fue hasta ese momento cuando el hombre insociable se dio realmente cuenta de que estaba sólo, ya no sólo era una idea abstracta sino ahora era una idea concreta, estaba solo. Extrañando, añorando la vida de los hombres.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ritual del ego, ascensión del espíritu.

La semana pasada llegué de Francia y me traje unos libritos de bastante buena categoría- Comienza Raúl la plática docta y etílica.

-Lástima que esos franceses sea tan esnobs y vanguardistas, del existencialismo saltaron al posmodernismo de un tris- Inquirió tímidamente José, alias el buen samaritano.

-¡Si serás pendejo! Se nota que eres un inculto y sólo lees los best sellers de Sangrons y lo que está en el mainstream. Los franceses han incursionado de manera grandilocuente en el posestructuralismo y en el pop-scribbling, aunque claro que en ese ámbito los gringos son los rifadores, osease los chingones. Oye Raúl, pásame el whiskey. Como les decía, la verdad es que los franceses han incursionado en múltiples matices de las nuevas corrientes. No te quedes en Baudrillard y Jean Piccard. ¿No has leído el nuevo libro de Fillipe DeGalle? El ojo isomórfico: los mil prismas. Te digo Pepe, eres un pendejo inculto, y eso es con un afecto fraternal. No sé ni porque te atreves a mencionar algo en nuestras disertaciones- Excitado terminó Carlos. (O “excitado término de Carlos.”)

-¡El pendejo eres tú!- José ostentaba unos ojos inquisidores y lagrimosos- No estoy diciendo que TODOS los franceses hayan pasado del existencial- ISMO al Posmo; sólo que un gran bloque de intelectuales, por no decir que todos, lo hicieron.

-Bueno, bueno, ya me dio güeva su plática cuasi jurídica. Mejor los instruyo cuando acabe mis libros y se los presto, y ya ustedes sacan sus propias pinchurrientas conclusiones. Miren que pelearse por una cuestión estéril e intrascendente, por no decir anacrónica y obsoleta. Mis Queridísimos Pendejos, la literatura en BOGA en gran parte de Euruapan, del viejo continente pues, es el post happening realistamágico. Los premios y las buenas críticas no los están ganando ni generando esos escritorcillos ni sus tornillos- Después de esa rima hasta el mismo Raúl se avergonzó- Sino los verdaderos maestros de la narrativa at momentum. La inmediatez y la disonancia con la realidad estereotipada. Los impulsos incognoscibles y metafísicos que toman forma y parte en las letras y con las letras. El claroscuro rítmico de prosa poética muy alejado de la enajenación de las masas, como ustedes (risitas de Raúl). La concatenación de ideas con sentimientos que elevan el texto a un lugar divino. No sus pendejos de siempre. Chale, me cae que si son unos incultos hippsters que nada más dicen pendejadas seudointeligentes para pasar por cultos.

-Bueno, bueno, Señor Don Chingón. Luego nos prestas tus libritos y vemos qué pedo- Arremetió con valentía Carlangas pasas las nalgas.

-Oye, y cambiando de tema, ¿por qué no fuiste a la fiesta de Efraín Ballesteros?

-Te digo que para tonto no se estudia, mucho menos para pendejo Josecito. ¿Apoco crees que iría a la fiesta de ese disque pintor? Chale, si se la mantiene haciendo cartel, el pendejo. ¡Carteeel! El lugar comunal de todos los disque artistas gráficos o pintoretes de cuarta. Ya todos hacen Cartel. Y cuando según esto se pone serio, incursiona en el cubismo. ¡Cubismo mis cúbicos güevos!

-Cómo te pones sentimental, me cae que eras rete amiguis de Efra y se han de haber peleado y por eso te pones tan trivial. Total, la fiesta aguantó mi Rulo. Fueron hasta Salvador De la Patria y Literatura y Ricardo Flores Chingón. Además de Alberto Ibargüengoitia, el ícono del Jazz iconográfico.

-Válgame, pues puro hijo de la chingada reunido, nunca creí que Doña Chingada hubiera tenido tanta prole- Terminó Raúl con un dejo burlesco; un dejo nada más.

-Cómo te pones mamón pinche Raúl. La fiesta estaba BUENA y hasta Don Salvador nos dio unos consejos en estructura literaria- Terminó José, siempre con su espíritu intempestivo y abyecto. Es muy ambivalente este cuate.

-Pues me alegro por ustedes, que vayan a pachangas tan distinguidas. Pero más me alegro por mí, que soy invitado y declino.

-Oye wey, ¿y ya viste la publicidad de Erick Delaware para Apple? Ya empezaron a verse esténcils y calcas urban art en Nueva York y están chingonsísimos- El vanguardista Carlos informó a nadie en particular.

-Nel, ¿si están chidos?

-Claro Pepedo, si Apple es el non plus ultra del hardware y el software la publicidad icónica del maestrazo Delaware está a la altura.

-No la he visto yo tampoco, y tampoco he visto el whiskey desde mi último vaso, hace ya media hora, no se hagan pendejos. Oigan, y hablando de publicidad y chupe, ¿ya vieron la plubliciad de la Indio? Pinches presuntuosos seudovanguardistas, y para acabarla de rechingar, ¡el estilo es puro pinche cartel! La publicidad que sí está chingona es la de Le Chupé, el ajenjo francés. Con esa madre se ponían bien locos los grandes como Edgar Degas, Paul Valerie, Baudelaire entre muchos otros. El comercial muestra a un cuate equis que se pone a chupar como campeón el ajenjo, y en eso empieza a ver hadas verdes y pulgas moradas, y una rosa celeste (sin albur). Total, al rato aparece Hemingway y todos los grandes ya antes mencionados que le entraron duro al Le Chupé y el cuate aparece en un cuarto victoriano con una ambientación bohemia. Enfrente de él aparece una botella de ajenjo y unas hojas amarillentas y el fondo comienza a difuminarse. Cuando el fondo ya son puras manchas aparece la frase “Le Chupé, el licor de los grandes”.

-Pinche Raúl, toma el puto whiskey, cómo te pones melindroso. Oigan ¿pero saben cuál si es la quintaesencia de la publicidad? La del Nikson, la mierda esa que cura las hemorroides- Carlos Oportuno díjole a los demás.

-Si la mierda curara las hemorroides, las hemorroides no existirían mi buen Carlitos. Pero sí, dejándola de pedo venden un producto invendible, bueno, más bien inpublicitable. Y hasta crean terror en los pobres incautos con granos en el culo, mostrándoles cómo si no consumen su producto les abren el recto con un bisturí. Eso es peor que la penetración de un negro jaja- Con su astucia habitual prosiguió Raúl- Como ahora que fui a Londres, allá artistas plásticos están volviendo al mercado, onda tipo Warhol, y están vendiendo en galerías madres como medicina para hemorroides, duchas vaginales, condones extensibles y puros productos que los conservadores a ultranza odian, aborrecen y detestan y los venden como piezas de arte, está poca madre y además...

viernes, 25 de junio de 2010

Hasta la chingada.

Y yo ya andaba hasta la chingada (hasta el culo, pues) pero su mirada y sonrisa radiantes me regresaban al suelo frío y mojado de esa noche no estrellada. Con esa mirada penetrante y a la vez cálida, cálida pero a la vez difusa y confusa, siempre me trae de vuelta a la realidad, a esa realidad que los dos negamos cuando estamos juntos. Esa mirada que me desnuda y escudriña hasta lo más ínfimo y recóndito de mi alma, o dígase de otra forma, de mi pensamiento, de mi ser, de lo que creo que oculto, pero que ella descubre con una facilidad pasmosa que a veces me asusta. ¿Cómo me puede observar tan a la perfección? No hago caso a mis sórdidos pensamientos, que no buscan más que explicaciones que no pueden ser dadas, que no existen en una realidad absurda que compartimos ella y yo. Tiempo y espacio que a veces desaparecen, y es cuando desaparecen en el momento en que precisamente se vuelven menos absurdos y más lógicos. Esos escapes, esos viajes temporales que no duran nada ni son en ningún lado. No tienen extensión alguna, son intangibles, no los podemos tocar ni guardar. La recreación es lo que los trae de vuelta, con vida, pero son igualmente intocables. Su mirada me desnuda, uff, siento frío, hace mucho frío. Desnudo bajo el agua, en esa noche sin luna; cuando no hay luna es cuando estoy más débil, pierdo mi poder ancestral que guarda cierto toque bestial, mi licantropía adorada, que me hace ver menos vulnerable de lo que en realidad soy. Pero este frío y mi desnudez provocada por su mirada son tremendos. Sigo con paso firme pero embriagado, directo a la mesa en donde ella me espera, me espera con su sonrisa y mirada radiantes. Me aguarda como con fervor, en su espera se ve cierto anhelo, no sé si un anhelo de que yo esté pronto a su lado, o un anhelo pasado, de algo arcaico que ella siempre estará esperando y yo nunca sabré qué será. Mientras más me acerco más siento los nervios y esos noséquéchingados en el estómago, pero mientras voy hacía ella el frío se vuelve ardor, su mirada es cálida, me excita, me exalta, me anima. Voy con paso tambaleante y su mirada y su sonrisa radiantes, son hipnotizantes. Cada vez estoy más cerca de ella y mis pasos parecen eternos, demasiado lentos para esta dimensión, demasiado pesados para que un cuerpo tan endeble los ejerza. Mi sonrisa se va dibujando, mis pensamientos van desapareciendo. Sólo me queda uno en la mente, sólo puedo pensar e imaginar, ver y descifrar una sola cosa. Lo Radiante. Pero bueno, ya ando hasta la chingada (hasta el culo pues.)

jueves, 13 de mayo de 2010

Chale...

Chale, en un ratito que entré a blogs de otros ñeros/as me dí cuenta que uso metáforas simples y pinchis, que mis juegos de lenguaje son soeces y léperos. Que no escribo poesía lírica ni onírica. No uso métrica, retórica ni sistema decimal. Osea que escribo pa la verga. Ni pedo, ni pedo. El mundo trascendente de las letras juntas unas de otras en base a reglas, que dan un significado y sentido a las vivencias diarias y pensamientos cotidianos está muy alejado de mi ser insignificante... Hablando de humildad... jaja

Hablando de humildad o, a, e ,i , o, u falsa modestia.

Creo que no hay nadie en este mundo que se escape de tener un ego que hay que elevar y mantener a cierto nivel; como la gasolina de tu carro, cuándo ya va en empty te preocupas y tienes que ponerle más combustible, si no… pos vales verga. Así con el ego, todos tenemos un orgullo y cierto “amor propio” que tenemos que conservar y demostrar a los demás (y quién diga que no lo tiene es un ser iluminado y no merecemos compartir este mundo con él/lla). Elevar nuestro ego hasta nos hace ver menos indefensos a los constantes ataques y peligros que representan nuestros semejantes, aunque no sean tan semejantes… Total, eso de la humildad es bastante ambiguo y hasta inverosímil. A todos nos gusta ser reconocidos, ser vistos, ser deseados, incluso ser envidiados y demás cosas relativas al Ser, digo, al ser… En fin, el meollo del asunto es que hay diferentes formas de elevar el ego, y hay diferentes necesidades de elevarlo. Hay personas que tal vez precisen de tener el ego altísimo para poder sentirse seguras y poder seguir con su vida, patética o no. Y por el contrario hay otras personas que tal vez no requieran tanto tener su ego enaltecido para poder continuar con su vida, patética o no, sin pedos. Y también hay formas de elevarlo. Buenas o malas, no lo creo… diferentes entre sí, si. Habrá personas, morras o batos, que tendrán la necesidad imperante de ser vistos y deseados por los demás; que sentirán en la mirada seductora o lujuriosa que los demás dirigen hacía ellos un placer sumo, y que los harán sentirse seguros e idolatrados, por el simple hecho de no pasar desapercibidos y sentirse deseados y ser un actor perverso en la mente de los otros. Yo creo que este modo de enaltecer el ego es el más vacuo y fugaz, porqué la belleza se acaba al fin y al cabo, y siempre habrá alguien más bueno y guapo que tú, por consecuencia siempre habrá alguien que robe más las miradas y los pensamientos masturbatorios. Existen infinitud de formas para enaltecer tu ego y sentirte el non-plus-ultra en el ámbito en que te especialices. Puedes cultivarte intelectualmente, lo cuál es no tan efectivo a primera instancia, ya que tu agricultura no se muestra a simple vista, pero una vez que la muestras seduces, causas celos o envidas en tus allegados, y es una manera más original de elevar tu Yo, sobre la más común y aburrida forma que es la de la atracción física. Existen también talentos artísticos, deportivos, hasta populacheros… si conoces a mucha gente y todos “te quieren” tendrás un atributo que será causa de ser envidiado o hasta deseado, que en consecuencia elevará tu ego. En fin, miles formas y maneras de mantener tu amor propio estable y saludable, siempre y cuando no se caiga en la credulidad de que realmente eres LA VERGA. Es un simple juego de espejos y egos, las maneras de jugarlo son distintas, cómo las que mencioné ya, pero si no lo entiendes como juego y te crees realmente la quintaescencia de la raza humana, entonces tu vida se habrá vuelto una miseria y constante paranoia. Pero no iba a explayarme tanto (cosa que ya hice) en los juegos del ego, sino en la humildad. Existe una forma más de elevar el ego, que resulta la más incongruente y fastidiosa de todas. Si ya de por sí es fastidioso que cuándo estás con una morra o un bato, no deje de ver quien lo observa y con que mirada lo hacen, es más fastidioso aún estar con un ser “humilde” al que al momento de decirle: eres muy bueno escribiendo, eres muy bueno dibujando, eres muy bueno coqueteando, etc. cuándo ellos mismos lo saben, su respuesta sea una expresión de asombro y una mirada al piso: “no, no, no, ¿cómo crees? No soy nada de lo que me dices, soy un ser mediocre que no merece la vida” Híjole, ¿apoco no les caga eso? Y lo hacen para enaltecer aún más su ego, “aparte de ser una verga, me estoy viendo humilde, caray, que maravillosa persona soy” Falsa modestia e hipocresía es lo que muestran. Nada les cuesta decir: “si, últimamente he dibujado bien, he escrito mejor de lo acostumbrado” “mis dibujos tienen un poco de más técnica” “La verdad si… mi coqueteo es sutil y misterioso” Ah no, ellos lo saben, pero dicen lo contrario. Y es a esas personas a las cuales cuándo se les dice la verdad: “Oye, últimamente has escrito pa la verga” “Oye pinches dibujos culeros que te has aventado” “Oye, te ves bien urgido y promiscuo cuando tiras miradas coquetas”, reaccionan indignados por el hecho de pegarles en su ego “humilde” Chale… para mi la humildad no muestra más que egolatría y a veces inseguridades. No hay nada mejor que decir “soy bueno en lo que hago” o “no soy nada bueno en eso” que andar con la mirada baja y el ego ensalzado, creyéndose el último caguamón del desierto cuando no se es bueno en lo respectivo. La lucha de egos contra egos es tan antigua como la del bien contra el mal. La historia es testigo de ello, y la vida diaria lo es aún más. Recuerden que siempre hay que tener cierta egolatría, más no una excesiva. Y que la falsa modestia es la más peligrosa forma de tener un ego alto, es la más fastidiosa y la más fácil de derribar. Escojan bien su estrategia…

martes, 23 de marzo de 2010

Escatología aplicada. (Mierda a la mierda en el siglo XXI)

Y ahí estaba él, regodeándose en la inmundicia más ruin y baja, más escatológica y vomitiva. Entre basura y sus jugos de un hedor indescriptible, entre larvas de mosca y sus excrementos, entre lo que desecha la sociedad y lo que no quiere volver a ver en la vida. Lo que hacen las castas “privilegiadas”, que tienen cosas que desechar y que puede simplemente olvidarlas, sin tener que volver a verlas. Él era miembro de las castas privilegiadas, sin embargo quería impregnarse y saturarse de lo más vil y asqueroso, sentirse sucio y lleno de mierda. Pero no sólo implicaba el estar inmundo físicamente, sino también muy dentro. Sentirse repugnante en el interior, sentirse sucio y horrible en su alma. Una suciedad que no sólo implicaba la física, sino la moral y la social. No quería una suciedad e inmundicia que se remunera; como la de los políticos que roban, mienten, usurpan, estafan, manipulan, pero que al fin y al cabo son respetados, temidos, idolatrados por la sociedad. No quería una suciedad banal y burda como la de las estrellas de tv y famosos, que son admirados e imitados cuando caen en las bajezas del mundo. No, él quería tener una inmundicia sin remuneraciones, una asquerosidad sin vuelta atrás y sin halagos. Una suciedad de los olvidados, de esos que se ven en la calle buscando “comida” en los desechos de las castas privilegiadas; de ésos que tienen enfermedades y duermen en las calles sufriendo por el frío y que nadie ayuda; de ésas parias de la humanidad que estarían mejor muertas, sin sufrir y sin hacer sufrir a las castas privilegiadas por la culpa que les causan. Quería estar en esa inmódica y revolcarse en ella para sentirse uno con la mierda, uno con el pus y la enfermedad. Quería sentirse lleno de excremento y jugos viciados. No porqué fuera parte de eso, sino porque quería sentir “eso”. Quería ser, por un día, de esos inmundos seres y simbiontizarse con esa basura y paria.

Clic, clic, clic… Sintió como el cerebro daba vueltas como maquinaria de un reloj. Se descubrió entre basura; comiéndola, bebiendo sus jugos, y sus compañeros eran larvas y ratas. Fue hasta entonces que se dio cuenta… Él no era de las castas privilegiadas, él no estaba ahí por gusto. No estaba ahí porque “quería sentir que se siente “eso”, como se siente estar enfermo por dentro y por fuera, lleno de mierda y meados. Él realmente era ese excremento andando que se chorrea por todos los orificios de su cuerpo. Esa masa llena de escatología que nadie quiere ver, ni oler, ni oír. Él no podía darse el lujo de ver que se sentía ser “eso” por un día. Él era “eso” desde que nació, o tal vez desde que olvido quien era.